La primera dificultad que encuentras cuando decides ir al gimnasio es elegir el adecuado de entre la variadísima oferta. Hay algunas cosas que tienes que tener claras.

Lo mejor es elegir un centro que esté cerca de tu casa o de tu trabajo, dependiendo de qué momento del día vayas a reservar para recuperar tu forma física. Cuanto más cerca tengas el centro deportivo, menos pereza te dará saltarte las clases y encontrarás menos excusas para no asistir.

Observa las instalaciones, si están limpias y ordenadas, si hay suficientes aparatos para la gente que usa el gimnasio y si están en las condiciones adecuadas. Fíjate también en el ambiente, la gente que va, la música de fondo y dibuja una imagen mental de ti misma en pleno ejercicio para ver si encajas allí.

Infórmate también de las actividades que puedes realizar, si vas a tener asesoramiento o tienes que ir por libre. Y sobre todo, ten en cuenta los horarios tanto del gimnasio, como de las actividades que programan para ver si vas a poder hacer uso de ellas.

Otro factor a tener en cuenta es el precio. Las tarifas varían según las ofertas y a veces el precio no incluye la utilización de ciertos servicios. Lee la letra pequeña para saber lo que estás pagando.

Qué hacer en el gimnasio

Una vez elegido el centro, sé consecuente con tu decisión, pero también realista. No te fijes objetivos inalcanzables. Para ello, lo ideal es que el propio gimnasio cuente con profesional cualificado que te asesore en tu plan de ejercicios y te aconseje sobre las opciones que mejor se adaptan a ti.

En cualquier caso, la principal recomendación es que empieces poco a poco si no quieres abandonar a la primera de cambio. Sabemos que cuesta retomar el ritmo después de una temporada sedentaria, por eso lo mejor es empezar con entrenamientos suaves y espaciar los descansos entre las sesiones.

Lo ideal es empezar tu puesta a punto con algún ejercicio aeróbico de baja intensidad, como la cinta o la bicicleta. Pero si te aburren estas actividades es mejor que te apuntes a las clases de stretching o yoga, por ejemplo. Si te gusta nadar, el aquagym es una apuesta divertida que además proporciona los mayores beneficios físicos y anímicos.

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